Por: Joaquín Carrasco

 

Desde el psicoanálisis sabemos que una relación de amor se forma a partir de una falta, de un vacío. Esto quiere decir que si una persona se muestra completa, sin ninguna necesidad, no puede alojar a otra persona, ya que no tiene nada para ofrecerle. Por el contrario, cuando a la otra persona le falta algo (independiente de lo que sea) alguien puede encontrar ahí un lugar.

Si bien el amor puede ser fuente de bienestar y placer, muchas veces puede llegar a producir sufrimiento. Esto lo vemos en la clínica, en que muchas personas consultan por no poder formar una pareja, por infidelidad, celos, dependencia, entre otros. De esta forma, las relaciones amorosas pueden ser o llegar a ser causa de malestar

Frente al amor, el psicoanálisis nos da una buena y una mala noticia. La mala es que no existe la media naranja. Hay que ser claros: no existe la pareja perfecta.  Toda relación es sintomática, en el sentido de que responde a una carencia propia y del otro. La pareja cumple una función, que suele ser inconsciente. Por eso es que podemos detectar que, teniendo parejas en apariencia distintas, se suele presentar un mismo patrón. Es lo que Freud denominó como las condiciones de amor que cada persona tiene. La buena noticia es que nos podemos liberar de la falsa esperanza de encontrar el amor perfecto, y así aceptar que mantener una relación implica un trabajo, independiente del tiempo que dure. Como consecuencia, sabemos que existen distintos modos de hacer pareja.

Dentro de esta diversidad podemos encontrar parejas que, unidas en algún momento por el amor, se vuelven tormentosas, tóxicas. Esto se puede expresar de muchas formas. Lo que tienen en común es un debilitamiento del lazo amoroso y un aumento de lo que en psicoanálisis denominamos como goce, una satisfacción que va más allá del placer y que produce sufrimiento en las personas. Se trata de algo que, de no encontrar freno, puede llevar a una ruptura de los lazos o a una eternización del vínculo tormentoso, acompañado de un exceso de sufrimiento.

Es importante mencionar que en la actualidad el mundo apunta hacia un goce ilimitado, una satisfacción inmediata que muchas veces prescinde de un otro. Es decir, estamos frente a una época en que la satisfacción autoerótica (con uno mismo) dificulta la conformación de una pareja, ya que esto implica una renuncia en algunos planos. Por ejemplo, ceder frente a ciertas exigencias, o negociar para mantener una buena convivencia.

La noción de amores tóxicos toma como referente la adicción y da cuenta de las relaciones que son nocivas. Tal como si fuera con una droga, la pareja se constituye como una adicción, lo cual va acompañado de malestar subjetivo. Podemos considerar las siguientes situaciones como ejemplos de estos modos de hacer pareja:

1.- Relaciones de dependencia absoluta: relaciones en que alguna de las personas (o ambas) depende completamente del otro para vivir. Es decir, se ve una pérdida de toda autonomía, una especie de esclavización en que toda decisión pasa por el otro.

2.- Constante hostigamiento / celos patológicos: se vive la relación bajo permanente amenaza, lo que lleva a comportamientos de agresión continuos. Puede ir desde la trasgresión de la privacidad hasta hostigamiento y persecución.

3.- Violencia: ya sea física o psicológica. Se puede pensar como un límite en que la pareja se transforma en objeto de maltrato.

Estos son sólo algunos ejemplos, ya que este tipo de relación se puede presentar de muchas formas. Lo importante es detectar cuando se está en una relación que se vive como adicción, es decir, cuando toda la energía se centra hacia la pareja, pasando a segundo plano las otras esferas de la vida como el trabajo, la familia, los amigos, entre otros. Si se está en esta situación, perder a la pareja puede llegar a ser terrible para el sujeto, ya que su existencia se basa en gran medida en ésta. En esos casos conviene consultar con un psicoanalista para despejar lo que lleva a cada quien a la repetición de dicho sufrimiento.