“Actuar es arrancarle a la angustia su certeza” Jacques Lacan

A partir de las actuaciones de un sujeto es que es posible situar la gravedad del caso, de ese que consulta. Cuando se trata de un sujeto que cae en una reiteración de actos que ponen en riesgo su integridad física e incluso su vida. Para nominaciones de la época es posible decir que se trataría de sujetos actuadores, a quienes más bien le cuesta hacer pasar por lo simbólico – poner en palabras- lo que los acongoja, más bien primero actúan para salirse de la angustia y después ya viendo las consecuencias de esos actos es que piden ayuda, ya sea a familiares o incluso ayuda terapéutica, para hacerse sostener de alguna manera y evitar un final más oscuro de lo que ya han llevado adelante.

Es relevante recordar que las identificaciones del orden de lo simbólico y lo imaginario son las que permiten dar una red de contención para que un sujeto no sea tragado por el agujero hacia lo real que abre la angustia.

Es importante tener en cuenta algunos actos en la vida de un sujeto para luego con la ayuda de la teoría, intentar darles una lectura y ubicación en cada caso. De esta manera podríamos dar algunos ejemplos. Sujetos que en la adolescencia tienen conductas de hacerse tajos en los brazos con una gillete o algún elemento cortante. Otra cosa son los escándalos, los gritos, los portazos, la mostración de una pareja nueva ante los ojos de la pareja anterior. Intentos arrojarse por la ventana, las vías del tren o debajo de un auto.

El corte en los brazos por sí solo no esclarece si se trata de ubicarlo como un pasaje al acto o como un acting aut, lo que no deja dudas es que si fuera lo uno o lo otro se trataría de todas maneras de un intento del sujeto de salirse de la angustia. Puede tratarse de un acting out cuando el sujeto trata de hacerle saber a otro que necesita ayuda y está angustiado. Esto junto con las escenas de mostración, puede entendérselas como acting out.

Pero si se trata de algo sumamente privado, que no se le muestra a nadie, puede tratarse de algo mucho más grave y riesgoso. Si los episodios de cortes se acompañan de ideas de muerte por algún abandono, junto con los episodio de intentos de arrojarse – por la ventana, en las vías, bajo un auto- parecen tener otro estatuto, más bien no se trata de montar una escena sino de salirse de la escena cayendo como resto. Vale la pena aclarar que a veces ciertos actos comienzan con la lógica del acting out, intentando montar una escena como modo de llamado al Otro, pero a veces al sujeto se le pasa la mano y pueden tornarse en pasaje al acto, sin pensar, poniendo en riesgo la vida de un sujeto.

Para distinguir conceptualmente los términos pasaje al acto y acting aut es posible hacer un pequeño recorrido en el seminario de La angustia en Lacan pudiendo diferenciar de manera más grosera entre el dejarse caer del pasaje al acto y el subir a la escena del acting out.

Como ya se ha dicho ambos actos son una manera que el sujeto tiene para salirse de la angustia que lo inunda y lo arrasa. El primero se hace sin pensar, es un rechazo al inconsciente está fuera del campo del Otro- mientras que el segundo se trata de un llamado al Otro, dentro del campo del Otro, por ende dentro del campo del Inconsciente.

En el acting out el objeto la sube a la escena provocando efectos de perturbación y desorden. El sujeto es quien aporta este objeto a la escena.

En el pasaje al acto el objeto a se encuentra bajo la barra de la represión, no está a la vista en ninguna escena. En este caso no es interpretable a diferencia del acting que da lugar al juego significante. Es por esto que uno está del lado del acto, y del no querer saber nada, mientras que el otro está del lado del inconsciente. Lacan habla de una identificación absoluta al objeto a fuera de la escena. El pasaje al acto es un rechazo al inconsciente, a la escena y al otro, mientras que el acting out es una subida a la escena del objeto a por el propio sujeto en un llamado al Otro.

Como este objeto no es especularizable el sujeto se las arregla para mostrarlo de un modo sesgado, ya que de todas maneras en eso que se intenta mostrar siempre se escapa lo real, sobre la escena se muestran los engaños de la exhibición y del significante, lo real siempre queda velado en otra parte, aunque ésta lo señale. En cambio, en el pasaje al acto el sujeto franaquea la barrera que lo separa de a, identificándose a éste y cayendo como resto.

Tomando a Lacan El acting out es esencialmente algo, en la conducta del sujeto, que se muestra. El acento demostrativo de todo acting out, su orientación hacia el otro, debe ser destacado entre en sujeto aquí Otrificado, por así decir, en su estructura de ficción, y el Otro, no autentificable, nunca del todo autentificable, lo que surge es este resto, a, es la libra de carne Éste es el rasgo que siempre encuentran ustedes en lo que es el acting out.

Entonces cómo pensar los llamados al Otro, las escena que el sujeto monta, para ser interpretadas por ese Otro. Los rasguños, marcas de la piel arrancada, los cortes, que dan a ver algo de su satisfacción para ser interpretada por este Otro. ¿Serán esos rasguños la libra de carne? ¿Se tratará de un intento de reivindicación?

Por otro lado, para pensar los actos que la ponen en riesgo vital, es posible orientarse en lo que Lacan sitúa como una relación estructural del sujeto con el objeto a, ligada precisamente a su función de resto, esto es lo que ubica a propósito del pasaje al acto, como el dejar caer, el niedercommen lassen.

Este dejar caer es el correlato esencial del pasaje al acto. Aún es necesario precisar desde qué lado es visto, este dejar caer. Es visto, precisamente del lado del sujeto. Si ustedes quieren referirse a la fórmula del fantasma, el pasaje al acto está del lado del sujeto en tanto que éste aparece borrado al máximo por la barra. El momento del pasaje al acto es el de mayor embarazo del sujeto, con el añadido comportamental de la emoción como desorden del movimiento

Es decir, el sujeto está embarazado de su objeto a, se ha identificado por completo con éste, por ende las identificaciones del lado de lo simbólico e imaginario se desvanecen en favor de la del objeto a.

No basta con recordar la analogía con el parto para agotar el sentido de esta palabra. El niederkommen es esencial en toda súbita puesta en relación del sujeto con lo que él es como a. No sin razón el sujeto melancólico tiene tal propensión, siempre llevada a cabo con una rapidez fulgurante, desconcertante, a tirarse por la ventana. En efecto, la ventana, en tanto que nos recuerda el límite entre la escena y el mundo, nos indica lo que significa tal acto – de algún modo el sujeto retorna a aquella exclusión fundamental en la que se siente. Lo que llega en ese preciso momento al sujeto es su Identificación absoluta con ese pequeño a al que ella se reduce.

Es posible pensar esta identificación al objeto a cómo resto desechable, en una dirección similar a lo que Lacan nombra en su seminario 2 con el concepto de Identificación de Angustia.

Para agregar un acto más, que no pertenece a la sujeto, es posible pensar otra cosa de la Lacan habla en el seminario 18, lo que respecta al comportamiento sexual humano a diferencia del cortejo animal y dice; “La única diferencia es que este semblante se vehicula en un discurso, y que en este nivel del discurso y solo en este- es llevado hacía, permítanme, algún efecto que no fuera de semblante”.

De aquí en lugar de tener la exquisita cortesía animal, ocurre que los hombres violan a las mujeres o inversamente. En los límites del discurso, por cuanto este se esfuerza en sostener el semblante mismo, hay de tiempo en tiempo real.

Lo llamamos pasaje al acto Observen que en la mayoría de los casos el pasaje al acto es cuidadosamente evitado. Sólo ocurre por accidente

Es posible pensar entonces, otro acto, más bien uno inaugural en la vida de muchos sujetos actuadores: el abuso de un adulto a un niño indefenso, como una reiteración de pasajes al acto, ya que se trata de algo que rompe el semblante, rompe el contrato social, rompe cualquier tipo de cobertura imaginario-simbólica que pretenda poner un velo a un real descarnado, un real de una voluntad de goce sin freno que pone al niño en el lugar de objeto abusado.