La escritora me orientó. Las mujeres del texto de Agus, en su multiplicidad, testimonian acerca de lo que han podido hacer con esa imperfección del amor. Sumergidas en un ir y venir incesante, insaciable, abrumador -debido al aspecto estremecedor de su amor erotómano- terminan inventándose su hombre, con la discreta sabiduría que logran al reconocer y resguardar el valor de la falta, de ese “im”-perfecto.

Si el psicoanálisis conviene a las mujeres por lo que ellas encarnan en la cultura, el analista puede contribuir a que despierte aquello que de lo femenino está velado en estas jóvenes, hijas de la comunicación virtual, de la palabra inhibida o procaz, que se presentan feministas o masculinizadas.

Si decimos que el analista debe estar animado por el deseo de despertar a lo real, aunque despertar a lo real sea imposible[10], queda, entonces, lo contingentemente posible.

La imperfección del amor de transferencia atraviesa, desde el inicio, la cura analítica. Está ya en la estafa que le da su entrada, en una promesa que no se cumplirá. No obstante, es artificial pero verdadero a condición de saber que, como dice Agus, “nadie ama de verdad y quien ama, no ama desinteresadamente”.

Y el psicoanalista tampoco ama de verdad, porque en su acto autoriza la tarea analizante por otros medios, nunca recurriendo al amor narcisista del “tu me agradas” o “tu me desagradas”.

Beatriz Udenio

Revista Virtualia Nº23