“El hombre es el artesano de sus soportes”

Lacan (Seminario VII)

      En la actualidad vemos en la clínica adolescentes que plantean dificultades en los tratamientos, ya que se presentan como resistentes a ser tratables o abordables por la palabra. A veces se diagnostican como psicosis, a veces como neurosis graves, otras como perversión, o está la salida borderline, patologías del narcisismo o patologías del acto.

Son sujetos que, al no poder alcanzar la carrera de consumo-desecho-consumo-desecho que nuestra sociedad contemporánea les ofrece, quedan identificados a lo descartable, a lo que en psicoanálisis nombramos como objeto “a”. El efecto final de estas patologías que producen estrago de la subjetividad es la segregación. Se trata de patologías donde se produce la exclusión del Otro, en tanto Otro social. Y en ese sentido se emparientan con las psicosis, donde el sujeto tiene que arreglárselas con el retorno de lo real y realizar alguna ortopedia de la función fallida.

Podemos decir que el sujeto ha llegado al punto de visualizar que el Otro está barrado y es inconsistente, entonces no lo acepta; y no sólo eso, no lo acepta y a veces lo ataca, quedando así por fuera del lazo social.

Una posible forma de trabajo individual para estos jóvenes (cuya edad puede ir desde los 12 o 13 años hasta los 30-35 años), está orientada a organizar talleres unipersonales donde cada paciente encuentre “un” lugar. El taller es así el marco creativo donde cada uno tiene su oportunidad de construir algunas marcas que le permitan re-constituirse como sujetos. No se trata de trabajar en el sentido de un entretenimiento, sino de enganchar el interés de cada sujeto y desarrollarlo a través de la inscripción de lo que no está. Es un espacio donde a través de lo creativo en sus diferentes manifestaciones artísticas (escritura, dibujo, música, etc.) el sujeto se encuentra con algo de su singularidad.

Los sujetos puestos a trabajar producen objetos que los representan, y en este camino se producen marcas que sostienen al sujeto[1]; es decir, se intenta constituir un sujeto sintomatizado, que tiene problemas con esa producción. Porque con ella ha fijado goce y se ha unificado como sujeto.

Se ofrecen posibilidades de trabajo con los más variados elementos (trazo, pintura, música, audiovisuales, movimiento u objeto) hasta captar cómo algo del paciente se engancha en “eso” (momento inaugural de apertura subjetiva), dejándolo hacer hasta entender qué hace, y en ese momento le devuelve en el mismo registro una respuesta. Se trata de crear las condiciones para que la palabra dada y la palabra escuchada tengan todo su valor.

Depende de qué alojamiento se dé al paciente, y en qué Otro del significante, para el planteamiento de un tema futuro que podría ser la posibilidad de inicio de un tratamiento por la palabra o la internación. La cadena significante que ofrece Susana es distinta, apunta a la reinserción social y no a la psiquiatrización. El taller provee los significantes de la alienación social (entendiendo a la misma como proceso necesario para la constitución subjetiva)[2], pero al mismo tiempo toma en cuenta la singularidad del sujeto que está en juego. ¿Cómo? desde el inicio, pensando de qué manera cada paciente desarrollará “algo propio”.

 

Leticia S. Pérez

 

[1] Tomando como referencia al Seminario VII de Lacan, sobre la sublimación

[2] Seminario XI, sobre procesos de alienación-separación