“Definí la relación sexual como aquello que no cesa de no escribirse. Hay allí imposibilidad. Es, asimismo, que nada puede decirlo: no hay, en el decir, existencia de la relación sexual. (…) La contingencia la encarné en el cesa de no escribirse. Pues no hay allí más que encuentro, encuentro, en la pareja, de los síntomas, de los afectos, de todo cuanto en cada quien marca la huella de su exilio, no como sujeto sino como hablante, de su exilio de la relación sexual. ¿No quiere esto decir que sólo por el afecto que resulta de esta hiancia se encuentra algo, que puede variar infinitamente en cuanto al nivel del saber, pero que por un instante, da la ilusión de que la relación sexual cesa de no escribirse? (…)

El desplazamiento de la negación, del cesa de no escribirse al no cesa de escribirse, de contingencia a necesidad, éste es el punto de suspensión del que se ata todo amor. Todo amor, por no subsistir sino con el cesa de no escribirse (contingencia), tiende a desplazar la negación al cesa de no escribirse, no cesa, no cesará. Tal el sustituto que -por vía de la existencia del inconsciente, y no de la relación sexual, que son distintas- hace el destino y también el drama del amor.”

 

*Jacques Lacan, El Seminario, libro 20, Aun, Clase 11 del 26 de junio de 1973, Paidós, Buenos Aires, 1992, pág. 174-
175.