Ps. Carolina Vignoli

La salvación por los Desechos (Puntuación del texto de J-A Miller) Es un texto de Miller que toma una cita de Paul Valéry. Es con esta fórmula, la salvación por los desechos, que él define el surrealismo, la vía escogida por el surrealismo. La vía en el sentido de camino. Es también el modo de hacer, de colocarse, de deslizarse en el mundo que es el discurso. Pero es aún más acertado decirlo de Freud.

Él prometió la salvación por la vía de los desechos. El descubrimiento freudiano, que fue el de los desechos de la vida psíquica, esos desechos de lo mental que son el sueño, el lapsus, el acto fallido y más allá, el síntoma. El descubrimiento también de que, de tomarlos en serio, y si les presta atención, el sujeto tiene la oportunidad de lograr su salvación. (Miller)

El término salvación; -que tiene resonancias religiosas- sirve para indicar que no se trata sólo de una cuestión de salud, de curación, sino que a través del síntoma se puede elucidar una verdad, un saber y una satisfacción. Lo cual no puede ser reducido meramente a una curación y a la restauración de una supuesta normalidad (Gorostiza Leonardo). Lo cual nos diferencia del ímpetu de curar que tienen las disciplinas de la “salud mental o la pura psicología.

La salvación por los desecho se opone a la salvación por los ideales. Y en este sentido, cabría oponer la chifladura de cada al ideal de la salud para  la vía que Freud abrió más allá de los ideales de curación.

Es como sí la sociedad toda se hubiera colocado frente a esa elección, la salvación por los ideales o por los desechos. Y como por una elección forzada se podría decir que ella siempre había elegido la salvación por los ideales, hasta que Freud, el primero, le abrió una vía totalmente nueva: la salvación por los desechos.

¿Qué es el desecho? Es lo que cae, lo que se desprende, lo que por otro lado se eleva, Como los palos y troncos en la creciente de un río. Es lo que se negativiza o lo que se hace desaparecer mientras el ideal resplandece. Y lo que resplandece tiene una forma. Se podría decir que el ideal es la gloria de la forma. Mientras que el desecho es lo informe, es extraído de una totalidad de la que no es sino pedazo, pieza suelta. Por lo tanto podemos ubicar la locura de cada uno lo raro, del lado el desecho informe, y la salud para todos del lado de la buena forma según la OMS.

El desecho está del lado del objeto a, objeto fecundo con el que el sujeto puede hacer algo con su goce. La posición del analista es la del informe, ya que es más bien del lado del sin forma que puede estar disponible para el fantasma del analizante. Sería algo así como una posición de desecho concebida ya desde el inicio mismo de la cura y no, como su posición en el final.

Sublimación

La esencia del arte es sublimar el desecho elevarlo a la dignidad de la Cosa, Así, la sublimación efectúa una socialización del goce. El goce es así integrado al lazo social, al circuito de los intercambios. Entonces, según decíamos antes, podemos afirmar que la locura de cada uno puede, por la vía de la sublimación, hacer –un poco -lazo social ya que la sublimación es la vía por la cual el goce autístico de cada Uno conecta con el discurso del Otro. (Por ej, el cirujano corta cuerpos para salvar vidas en vez de ser un asesino serial)

La paranoia acompaña a la sublimación como a su sombra. Hay que recordar que Lacan dice que el goce del Otro no existe (porque lo que puedo experimentar es solo mi propio goce, no el del Otro). No existe pero puedo suponerlo. Por eso, Miller señala que a veces ;el goce del Otro social toma cuerpo. Es decir, el goce es identificado en el lugar del Otro y no se volatiliza vía la sublimación- en el esplendor del Ideal. Es cuando se sospecha que el Otro goza de mí. Lo cual resume la estructura de la paranoia: el goce en el lugar del Otro. Entonces, estoy llevado a decir que la paranoia es la que más socializa mediante la suposición al Otro de una voluntad de goce, una voluntad que no pretende emplearse en su bien.

La basura que las instituciones sociales intentan velar, por ejemplo: que en los hospitales se muere gente, que la medicación no siempre cura, que las leyes perpetúan la diferencia social, que los pobres van presos y los ricos a rehabilitación, que el ideal de salud mental para todos implica la dominación de los sujetos, etc.

Es esta incitación de voluntad malévola, la que el Otro social, allí donde está representado por instancias legales, se emplea incesantemente en desmentir. Por todos lados, mediante todas las innumerables voces del pueblo administrativo que multiplica, él no dice más que ¨quiero tu bien¨. Hay que tener poca personalidad para darle crédito. Pues bien, esta escasa personalidad es sin duda el rasgo común de todos los que se adhieren a las instituciones de cuidados que los acogen con los brazos abiertos y carita de buenos, gratis y bajo la égida implícita del ¨quiero tu bien¨. Aquellos que pueden creerlo son los desechos de la voluntad de goce.

Lo que del goce resta insocializable El discurso del amo procede exclusivamente por identificación significante, o sea el todos iguales. La identificación reinó entonces sin parangón, el paciente fue de entrada identificado a su síntoma y se convirtió en el ejemplar de una clase, de una categoría (Síndrome de déficit atencional, trastorno de hiperactividad, TUS). El analista, por su parte, fue invitado a identificarse a la buena voluntad del terapeuta, a su función terapéutica. Al analista no le corresponde insertarse en el lazo social que prescribe el discurso del amo. El tratamiento gratuito de duración limitada solo se justifica si introduce a la experiencia analítica, si introduce al lazo social específico que se teje alrededor del analista como desecho representante de lo que, del goce, permanece insocializable.

Porque prohíbe el fantasma, el discurso del amo cree en la salud mental. Este ideal le está prohibido al analista que ofrece una vía inédita, más precaria y sin embargo más segura: la salvación por los desechos. ¿Qué hacemos con los desechos o cómo recibimos a los pacientes? Cuando un paciente llega, no es seguro de entrada que se vaya a quedar, ni si quiera es seguro que tenga una demanda propia, ocurre que a veces es enviado a la consulta por su pareja que no lo soporta más, por el médico que lo ve mal, o por los padres en el caso de los niños.

El analista se toma un tiempo para evaluar y avalar el deseo de analizarse de quien llega a la consulta. Eso a veces decanta sólo y el paciente simplemente se va porque no encuentra un motivo propio para dirigirse a Otro, o espera que el terapeuta le diga qué hacer sin interrogar su responsabilidad en lo que le ocurre.

El análisis puede encontrarse en entrevistas preliminares durante muchos años incluso, si el analista no avala la entrada en análisis. Miller destaca 3 niveles de la entrada en análisis: además de la avaluación clínica, la localización subjetiva y la introducción al inconsciente. Entonces decimos que el momento de la avaluación se trata de la puesta en forma de la demanda del paciente, qué él encuentre una razón que lo lleve a dirigirse a un analista, y justamente se trata de algo que cogea, que no funciona en la vida del paciente, no se va al analista a hablar de lo bien que le va en la vida, sino de lo malo, no se va a conocerse a sí mismo sino a querer saber algo de la causa de lo que no anda, o sea, nos interesan los desechos del sujeto.

Ese momento también le sirve al analista para hacerse una idea diagnóstica de quien consulta, hay veces que es mejor no tomar a un paciente en análisis para no precipitar una descompensación psicótica. Tenemos en cuenta en la historia del paciente la aparición de fenómenos elementales, como el automatismo mental, los fenómenos que conciernen al cuerpo, o al sentido y la verdad, es decir que el sujeto sabe y no tiene dudas del sentido oculto de algún hecho, y que eso es un signo que le está dirigido a él. El diagnóstico no puede ser separado de la localización subjetiva, es decir encontrar al sujeto de la enunciación en sus dichos.

Enunciado: Profesora dice Enunciación Yo creo lo mismo, así que cuidate. (Ejemplo paciente de hospital que dice Mi profesora en jefe dice que lo que nos pasó, la pérdida de la guagua, no quiere decir que tengamos que estar juntos para siempre y eso se lo dice al pololo que sufre de ser abandonado por las mujeres. Enunciación: ella cree eso que la profesora dice.)

Podemos decir que el sujeto toma una posición respecto de sus dichos, esa posición es la que representa al sujeto, ya que decimos que un significante es lo que representa a un sujeto para otro significante. Por ejemplo, “soy la oveja negra” toma un sentido como frase sola, pero toma otro junto con otras frases, eso decía mi padre ;yo creo que un diamante en bruto;, la primer frase va cambiando de sentido con la segunda y la tercera. O por ejemplo; vengo mañana, si tengo ganas;, vengo mañana, sin falta;, la segunda parte de la frase modula el dicho, esa es la posición que el sujeto toma respecto de lo que dice, la MODULACION DEL DICHO, eso es lo que buscamos como localización subjetiva.

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Cuando se toma al pie de la letra lo que el otro dice, eso produce efectos. Cuando uno toma los lapsus, los olvidos, los traspiés en la escucha, o sea los desechos del decir y los hace ingresar en el análisis, eso tiene efectos, al menos de sorpresa, de intentar borrar lo que se dice, o de hacerse cargo de eso que aparece. La relación entre enunciado y enunciación es fundamental para la interpretación analítica al menos en su frase mínima: Es eso, Usted lo dice.

Con el transcurrir de los significantes, va apareciendo la posición que el sujeto toma respecto de ellos, es lo que llamamos posición subjetiva, y se va modificando con el aparecer de nuevos significantes, porque el sujeto va haciendo aparecer todas las voces que lo hablan y eso abre distintas cadenas significantes. Lo que decía su padre de él, lo que decía su madre, en el colegio, etc. Ahí aparececomo herramienta fundamental la PUNTUACIÓN, a través de ella el analista fijala posición del sujeto en el dicho. Eso es la dirección de la cura: saber lo que debe y lo que no debe ser tomado en serio de lo que dice el paciente. Lo más importante en la posición del analista es el no comprender de inmediato al paciente, instalar el malentendido, porque el primero que no se entiende, que no entiende lo que dice ni lo que quiere, es el paciente mismo.

La localización subjetiva consiste en hacer aparecer la caja vacía donde se inscriben las variaciones de la posición subjetiva. Es como tomar entre paréntesis lo que el sujeto dice y hacerle percibir que toma diferentes posiciones, modalizadas, con relación a su sujeto mismo es esa caja vacía donde se inscriben las enunciaciones, ese vacío encarna el lugar de su propia ignorancia respecto de lo que dice. El lugar de la enunciación es el lugar mismo del inconsciente.

Podemos decir que el ingreso al inconsciente se da junto con la rectificación subjetiva. El sujeto cuando llega se queja y cree que le pasa ahora es por su pasado, por culpa de sus padres, de algún tío que se quiso propasar o de una maestra, No es mi culpa” es una víctima de los sucesos de su vida. El acto analítico consiste en implicar al sujeto en aquello de lo que se queja, como decía Freud ¿Qué parte tienes en aquello de lo que te quejas?, que el sujeto empiece a quejarse de sí mismo en vez de quejarse de los demás es una Rectificación subjetiva, ya que implica que el sujeto tome a su cargo la responsabilidad de sus actos y las consecuencias de los mismos por las cuales se queja.

El lugar de responsabilidad del sujeto es el mismo lugar que el inconsciente. Podemos decir que hay una puesta en forma de los desechos, y el sujeto comienza a encontrarse en sus producciones vergonzosas, desagradables, lo que oculta debajo de la alfombra sale a la luz, lo que va en reverso respecto del ideal y él mismo se debe hacer responsable por lo feo que le pasa.