Por Silvia Ons

Sobre la erótica de los tatuajes, la psicoanalista Silvia Ons señala que en tiempos donde nada parece perdurar gobierna la demanda de reinventarse cada día dejando atrás antiguas marcas, en tiempos caracterizados como ávidos de novedades, el tatuaje apunta a algo no perecedero. Tanto aquellos sujetos fluctuantes en su vida amorosa, los que por una razón o por otra parecen mutar a lo largo de la vida, como los que padecen en el mundo las consecuencias de un andar sin brújula, son los que más apelan al tatuaje para que algo se fije y no se borre.

El sociólogo Zygmunt Bauman, remarca Ons, explora la extrema fragilidad de los vínculos humanos en la sociedad actual, en la cual la gente tiene una gran avidez por estrechar lazos, pero al mismo tiempo desconfía de una relación duradera por el compromiso que implica: se ve opresión en ellos y los vínculos durables despiertan la sospecha de una dependencia paralizante. Si bien la descripción que hace Bauman es correcta, la cultura del tatuaje nos muestra la necesidad de anclaje de los sujetos que están más adaptados al mundo líquido.

Además, si bien la desacralización de la existencia junto con la creencia en el progreso parecen dominar tanto el siglo anterior como el que vivimos, también conviven el retorno al paganismo y las creencias en los símbolos de antaño.